ALEJO CARPENTIER y Los pasos perdidos

Alejo Carpentier (1904-1980) fue un novelista cubano que también vivió en otros países latinoamericanos, como Venezuela o Haití y en Europa, en países como Francia o Suiza. Si bien su profesión de escritor le valió ser catalogado como uno de los más importantes de su generación y su aporte al llamado boom de la literatura latinoamericana ha sido premiado y honrado mientras estaba vivo, Carpentier ofició de periodista durante gran parte de su vida. También se dedicó a la musicología, a la organización de conciertos y a la investigación sobre música. Este último aspecto es muy notorio en varias de sus obras como se puede ver en sus ensayos: La música en Cuba de 1946 o América en su música, de 1975.

 

 

Puntualmente, los invitamos a leer la novela Los Pasos Perdidos, cuyo tema central es un viaje en busca al origen de la música. En esta novela se cuenta la historia de un hombre que vive junto a su esposa Ruth en una ciudad que según nos cuenta el narrador en una nota final de la misma, es “una ciudad latinoamericana prototípica”. Urgido por encontrar un sentido a su vida monótona y al comienzo de un par de semanas de vacaciones en las que coincide una gira de actuación de su mujer fuera de la ciudad, el personaje principal se encuentra solo y casualmente, termina por emprender un viaje en busca del origen de la música junto a su amante Mouche. La manera de nombrar a su amante parece no ser arbitraria. “Mouche” significa en francés “mosca” y este personaje ocupará, a lo largo del viaje, un lugar de revoloteo y de molestia que irán creciendo hasta el paroxismo. Finalmente, conoce a Rosario, junto a quien se internará a explorar el mundo del origen del Génesis y la creación.

Los invitamos a leer este hermoso texto de mediados del siglo XX, lleno de reminiscencias a una América escondida e impenetrable, llena de ensueños y promesas del porvenir. Para tentarlos, acá van algunas citas:

(…) se me presentaba como el colector indicado para conseguir unas piezas que faltaban a la galería de instrumentos de aborígenes de América (…) Sin hacer hincapié en mi pericia, mi maestro subrayaba el hecho de que mi resistencia física, probada en una guerra, me permitía la búsqueda a regiones de un acceso harto difícil para viejos especialistas.  (Carpentier 27)

Y una fuerza me penetra por los poros: el idioma. He aquí el idioma que hablé en mi infancia; el idioma en que aprendí a leer y a solfear; el idioma enmohecido en mi mente por el poco uso, dejado de lado como herramienta inútil, en país donde de poco pudiera servirme. (Carpentier 44)

Rosario, en cambio, era como la Cecilia o la Lucía que vuelve a engastarse en sus cristales cuando terminad de restaurarse un vitral. (…) Entre su carne y la tierra que se pisaba se establecían relaciones escritas en las pieles endurecidas por la luz, en la semejanza de las cabelleras visibles, en la unidad de formas que daba a los talles, a los hombros, a los muslos que aquí se alaban, una factura común de obra salida de un mismo torno (…) Y sin embargo, al mirar a la mujer como mujer, me veía torpe, cohibido, consciente de mi propio exotismo, ante una dignidad innata que parecía negada de antemano a la acometida fácil. (Carpentier 107)

Buena semana para todos!

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